Me levante de inmediato y, de prisa y corriendo, me puse la camisa y los pantalones que había dejado al lado de la cama. Me había olvidado las sandalias en el hotel, así que me calcé unos zapatos sin calcetines. Luego salí pitando de casa. Si esta vez no lograba hacerlo con esa chica tan hermosa, sería el fin del mundo. Me puse a correr por la calle principal con el pelo todo alborotado. Tropecé con algunos transeúntes, pero esta vez intenté seguir corriendo sin que nadie me desafiase. Cogí la oscura calle empinada que daba al hotel. Subí la cuesta jadeando, con todo el cuerpo empapado en sudor. Por fin vi la señal violeta del neón del hotel. Me temblaban las rodillas.
_¿Dónde has estado todo este tiempo?-dijo la chica cuando entré en el cuarto. Vestida con un albornoz, esta una botella de cerveza que había cogido de la nevera. Parecía estar harta.
-Siento haberte hecho esperar. Venga, pues. ¡Acostémonos ya!
Al ir a abrazarla, volvió la cara con disgusto.
-¡Nada de eso! ¡Estás sudando a mares! ¡Lávate primero!
Tenía razón. Me desnudé y fui al cuarto de baño.
Cuando salí, ella estaba bebiéndose la segunda botella de cerveza. De repente, recordé que no tenía nada de dinero. Ni para pagar la habitación del hotel ni para la cerveza.
Y qué pasa, pensé. Cuando llegue el momento de pagar la factura, pegaré un grito ya está. Luego me despertaré y me iré sin pagar. Por supuesto, la chica se quedará allí. La policía se la llevará acusándola de no pagar las consumiciones y el alojamiento. Eso será lamentable, pero no hay otro remedio. Si se lo decía, volvería a rechazarme. De todos modos, seguro que tendría algo de dinero, aunque fuera estudiante.
El alcohol le había dado a sus mejillas un brillo rosáceo y los ojos se le empezaban a enturbiar. El escote de la bata lo tenía abierto y estaba a punto de exponer sus blancos y abultados senos.